CAYAYO
Cayayo, hace una década…
Por Yumber Vera
Carlos Eduardo Troconis fue un emblema del rock nacional.
Integrante de Sentimiento muerto, se convirtió en un símbolo en los años 80, una figura recurrente en los 90 y una leyenda luego de que muriera, tempranamente, hace 10 años. En esta entrevista inédita, la última que concediera, retrata un momento fundmental de la historia musical de la ciudad
Pasó una década desde su muerte y todavía se le extraña. Lo dicen todos, especialmente los que no lo conocieron. A lo largo de este tiempo fueron pintados graffitis en su honor. Una telenovela osó apropiarse del apodo de Carlos Eduardo Troconis para llevarle a través de la figura de un pavito un ejemplo de no sé sabe qué a la juventud criolla. Los chamos empezaron a cantar sus temas frente al fogón playero, y se enarboló un imaginario sobre su vida y obra que es digno de una fábula.
Cayayo se tornó en un referente del rock venezolano desde el mismo momento en que debutó en el punk local. Y es que en una sociedad como la caraqueña, que un chamo de 13 años pretendiera entregarse en cuerpo y alma a la contracultura, no dejaba de ser un ave raris. Luego de Sentimiento Muerto la banda con la que se dio a conocer y marcó un hito y Dermis Tatú el power trío con el que experimentó la intensidad del rock Cayayo formó parte de PAN: combinado constituido por otros ex del rock venezolano que habían caído rendidos a los pies del funk. 1999 también lo encontraba al frente de Los Insólitos, productora con la que llevó adelante el ciclo de conciertos Miércoles Insólitos.
Esta entrevista inédita, la última que dio, sucedió entre una cosa y la otra, antes de un ensayo y durante la mudanza del evento al cine Radio City, en la puerta de su casa en Altamira, con El Ávila como testigo, al que se fueron sumando su familia y sus compañeros de banda. Por lo menos eso fue lo que revalidó el casete que registra ese momento, desempolvado para conmemorar los 10 años de muerte del cantautor caraqueño.

¿Y en qué momento apareció el punk en tu vida?
Tuve una hermana que se fue a vivir a San Francisco. Ella escuchaba jazz y música clásica. Pasé un tiempo sin verla. Cuando llegó de vacaciones, yo tenía 11 años, el punk la había transformado. Eso, estéticamente, me shockeó. Era una cuestión de actitud y visión frente a la vida. Sencillamente, quería meterme en eso. Mi primer disco fue The Scream (1978), el álbum debut de Siouxsie & The Banshees. Una vaina que cualquier carajito, a esa edad, no se vacilaba.
En Venezuela siempre vivimos en desfase. En ese momento, 1980 ó 1981, de primera mano recibí la música que estaba reventando en Estados Unidos y Europa. Y ya era tarde, pues el punk había alcanzado su auge en Inglaterra en 1977.
¿Con cuál instrumento comenzaste? Mi cuñada me regaló mis primeros instrumentos: un bajo y un saxo.
El saxo lo vi muy pelúo, y lo cambié por un amplificador. Toqué bajo del 81 al 83 con Dead Feeling, mi primer grupo, que estuvo conformado por Pablo Dagnino (voz), Alberto Cabello (batería), Luis Poleo (guitarra) y yo. La agrupación fue punk hasta que conocimos a The Cure y Echo and the Bunnymen. Alberto y Pablo se metieron de lleno con Spit, su miniteca, en el 83. Entonces con Luis formamos la banda Sabotaje.
Pero duró poco tiempo, por lo menos conmigo. Ahí agarré la guitarra.
¿Cuándo surgió Sentimiento Muerto?
Con Wincho (Schäfer), pues estudiábamos en el mismo colegio.
Armamos una banda llamada M-16.
Se entusiasmó tanto que fue más radical que yo. Su historia en el colegio la recordarán año tras año.
Era bajo y guitarra. Después tuvo batería, y dejamos el proyecto inconcluso. Más tarde me reconcilié con Alberto (batería) y Pablo (voz y teclados), entró Wincho (bajo), yo pasé a la guitarra y se sumó Edgar (Jiménez) en la otra guitarra. Así fue como comenzó Sentimiento Muerto.
¿Qué distinguía a los punks en la Caracas de los años 80?
En ese momento conocimos a un montón de gente que andaba en nuestra misma frecuencia. Aunque había un sentimiento de pana muy arrecho, no dejábamos de ser los sifripunks debido a que éramos del Este de Caracas. Pero para mí lo más importante fue haber conocido a los miembros del grupo Seguridad Nacional, en el bulevar de Sabana Grande, en el 81. A todos los que tenían más de 25 años los despreciábamos porque eran de la escuela del rock sinfónico: Fahrenheit, Témpano. Sin embargo, entrar en contacto con la Seguridad, a pesar de que eran mayores que nosotros, nos cambió la vida. Se convirtieron en nuestros referentes.
¿De qué forma estaba constituido el circuito punk de ese periodo?
En esa época había cualquier cantidad de tascas, bares y puticlubs como Mr. Rips, Pida Pizza, Coco’s, Tauromaquia, Memphis, Channel, La Feria de los Toldos. Había mucho más de lo que hay ahora. Podías tocar sólo una vez, pues después de montar tremendo rollo, ya no te querían ver más por el lugar. Eso sucedió entre 1983 y 1985. También había muchas fiestas. Teníamos una Wagoneer, y la llenábamos con los equipos. Mientras uno cotorreaba al dueño de la rumba, los demás instalaban los instrumentos y amplificadores. Así hicimos y deshicimos. No quisimos ser una bandita de ensayo, sino shockear a la gente.
Supongo que también padecieron el rechazo de una sociedad como la caraqueña de esa época.
A pesar de que el rock no era bien visto aquí, ya había una actitud más permisiva. No se metían tanto con los rockeros, aunque con los punketos se tornaban agresivos. Teníamos en contra a las autoridades, a nuestras familias, a la Guardia Nacional y a los metaleros de Chacaíto.
¿De quién fue la idea de graffitear la ciudad con el corazón tachado, que fue el símbolo de Sentimiento Muerto?
De Gustavo Atilano, el manager del grupo en sus inicios. Fue una suerte de Malcom McLarem del punk caraqueño. Tenía una visión del carajo, pero no capitalizó nada. No obstante, fue necesaria su presencia porque era de estos tipos que manejaban la teoría del escándalo: "sopita de terror" la llamaba él. Llegar a las fiestas tipo allanamiento, dibujar el graffiti con el logo del corazón tachado, todo eso fue idea suya.
Era un personaje que se involucró mucho en el rollo de la ideología.
¿Qué fue Cero a la Izquierda?
Fue una fractura de Sentimiento Muerto. Nuestra primera gira fue en Margarita, en 1985. Allí estuvimos tres meses. Yo tendría 16 años.
Nos quedamos en casa de Manry, quien fue para nosotros un personaje tan importante como Gustavo Atilano. En Margarita el tren fue burda de heavy. Pablo no aguantó, y se fue. Una vez que llegamos a Caracas, rearmamos la banda con Manry en la voz y Pingüino (Echezuría) en la guitarra, en sustitución de Edgar, que se había ido a la Gran Sabana durante cuatro meses. Justo en ese momento apareció Helena Ibarra, nuestra siguiente manager. Ella nos dijo: "Voy a enamorar a Pablo, y lo traeré de vuelta a la banda". Y así fue. Tras esto, Pingüino y Manry quedaron fuera de Sentimiento Muerto. No obstante, con Mauricio Cepeda, que venía de tocar batería en 4to Reich y Sabotaje, formamos los cuatro Cero a la Izquierda. El grupo, que duró entre 1985 y 1986 y ahondó en el post punk, funcionó paralelo a Sentimiento y hasta llegaron a tocar juntos. Pero Sentimiento Muerto fue creciendo, y demandó mayor atención. Luego de la disolución de Cero a la Izquierda, Pingüi entró en Sentimiento Muerto.
¿Por qué Sentimiento Muerto resolvió saltar al mainstream?
Siempre hubo una actitud de no sonar en radio. Uno quería, pero a la vez no. Igualmente con la prensa o con cualquier otro medio de comunicación. Era decirle no al mainstream. Esto cautivó a mucha gente porque esa actitud fue auténtica. Fue seguir algo que no tiene nada que ver con la publicidad, la radio, hacer discos ni nada. Los Sex Pistols no eran ningunos güevones. Sid Vicious podría estar muy escoñetado, pero Johnny Rotten sabía muy bien cuál era el negocio en el que se había involucrado. Eso fue lo que finalmente nos impulsó a firmar con un sello discográfico importante. Sin embargo, hubiéramos podido seguir manejando el casete independiente. Recuerdo que en la época de Mata de Coco hicimos seis mil copias, y se vendieron todas. En esa etapa no era necesario tener un patrocinante para hacer un show. La mentalidad empezó a cambiar cuando entró Helena Ibarra a manejarnos. Gustavo Atilano era muy bueno produciendo en bares, pero Mata de Coco no lo podía llevar adelante. Y con ella nos lo tomamos en serio.
Miguel Ríos invitó a Sentimiento Muerto a actuar en el Primer Festival de Rock Iberoamericano, en 1986.
¿No te sorprendió que eligieran a una agrupación que ni siquiera tenía un disco editado?
Miguel Ríos y Carlos Narea hicieron una gira desde México hasta Argentina. Cuando estuvieron en Caracas viendo qué banda podrían llevarse para el evento, dieron con nosotros a través de una rumba en la que pusieron un casete que tenía canciones nuestras. Ni siquiera los conocíamos personalmente. Vieron que en esa fiesta todo el mundo cantaba los temas. Una vez que llegaron acá, los rockeros sinfónicos se habían rendido a sus pies. No obstante, estos tipos no se creyeron esa historia. Escucharon nuestra maqueta y se enamoraron de ella. Regresaron a España y nos dijeron que en un mes nos informaban si entrábamos o no. La respuesta fue positiva y los de bandas como Témpano y Aditus, patalearon durísimo. Llegamos allá sin disco, y siendo unos chamos.
¿Cuándo te diste cuenta de que estabas en un grupo exitoso?
En 1986 tocamos con Sentimiento Muerto en la Sala Anna Julia Rojas. Ya abarrotábamos los locales.
Wincho y yo éramos menores de edad. Muchas veces teníamos que correr y escondernos porque la Guardia Nacional entraba en todos los locales nocturnos. En esa época empezaron a acercarse groupies y gente de cierto nivel adquisitivo para llenarse la boca diciendo: "mira qué chic que tengo a los chicos de Sentimiento Muerto acá". En el 85 y 86 hicimos nuestros casetes independientes, porque aquí generalmente los grupos no dejaban registro discográfico. Y a nosotros no nos importaba grabar todos los temas que teníamos, aunque quedaran desprolijos. Fue una etapa creativa demasiada arrecha. Y esto llegó a su clímax con lo del Anna Julia Rojas. A ese show vino hasta la televisión. Ahí nos dimos cuenta de que habíamos consolidado nuestra postura y público, y desde entonces comenzamos tener un éxito masivo.
Un año más tarde la banda grabó su primer disco, El amor ya no existe, hay que hacerlo (1987).
¿Estuviste conforme con la producción de Fito Páez o hubieras preferido que Andrés Calamaro se encargara de ella, como inicialmente se había previsto?
Si Calamaro nos hubiera producido nuestro primer disco, creo que hubiese quedado mucho mejor que con Fito Páez. Por lo menos habría sido más coherente con el trabajo que veníamos desarrollando. Musicalmente, el tipo estaba en una posición en la que nos entendía perfectamente, pero no nosotros a él.
¿Por qué transaron con la disquera que tenía en su roster nada menos que al "Ídolo de una Generación" y a la "Reina del Rock"?
Para nuestra disquera, Sonorodven, fuimos un experimento. Los tipos no tenían idea de cómo tratarnos. Sin embargo, nos dieron muchas cartas blancas. No nos modificaron ni el look, ni el contenido de las letras, ni las groserías. En ese sentido, era bastante abierta. Era burda de loco que esa empresa que siempre se destacó por fabricar productos, se involucrara con una vaina en la que no tenían que hacer nada.
Era hasta cómodo para ellos. Pero estaban arriesgando más que nosotros. Decidimos tomar ese paso, y al final menos mal que lo hicimos.
¿Qué los estimuló a abrirse del punk y el post punk?
Salimos del punk rajado cuando empezamos a escuchar grupos como Siouxsie & The Banshees. Lo otro que marcó un quiebre importante en nuestra propuesta fue la aparición del funk gracias, en buena medida, a Fito Páez, que estaba influenciadísimo en ese tiempo por Stevie Wonder. Lo comprendimos después de hacer nuestro primer álbum. Descubrimos que más allá del dark y de las guitarras atmosféricas, había cosas sabrosísimas en el funk, y medio que coqueteamos con eso.
¿Te parece que el punk fue un fenómeno musical y cultural representativo en Venezuela?
De alguna forma sí. Fue la respuesta de mi generación. Si antes escuchabas en una discoteca a AC/DC, después empezó a sonar The B-52’s y The Clash. Eso, años atrás, era inconcebible. Entonces sí repercutió fuertemente. Uno de los hechos claves para entender que en esa época las cosas estaban cambiando fue la visita de Mecano al país. Fue la prueba de que el rock en español tenía su público. Gracias a su primer concierto, aquí empezó la venta del rock en nuestro idioma.
Siempre que cantábamos en castellano nos decían: "está chévere, pero por qué no se tocan una cosa en inglés". A partir de allí vinieron también Charly y Fito, y de esta forma Sentimiento Muerto pudo establecerse.
De hecho, PP’S cantaba algunos temas en inglés. Cuando lo hacía en español era como que sonaba burda de chimbo. Nunca asumimos la cosa tan juiciosamente. Fueron surgiendo letras, e independientemente de si gustaban o no, creíamos en nuestro peo.
¿CAYAYO?
Carlos Eduardo Troconis Troconis, conocido como "Cayayo", fue un músico venezolano. Hijo menor de una línea de 10 hermanos, nace el 21 de octubre de 1968 y fallece a causa de un paro respiratorio el 17 de noviembre de 1999 en la ciudad de Caracas. Guitarrista y precursor del rock venezolano de la década de 1980.Sentimiento Muerto
Sentimiento Muerto data de 1981, cuando se unen Pablo Dagnino (voz, teclados), Carlos Eduardo "Cayayo" Troconis (guitarra, coros), Edgar Jiménez (guitarra), Erwin "Wincho" Schafer (bajo) y Alberto Cabello (batería). Inicialmente se hacen llamar Dead Feeling; pero poco después dan forma a ese nombre con su traducción al español. Con un estilo en donde combinaban ritmos de new wave con ritmos latinos, poco a poco van desarrollando un estilo propio.
En el año 1984, el grupo comienza a darse a conocer a través de presentaciones en verbenas, ferias y fiestas para las cuales eran solicitados. En ese entonces, la banda había escogido como estrategia de difusión la distribución de cassettes piratas, como ellos los denominaban.
Luego de la separación de Sentimiento Muerto, Cayayo se reunió con Sebastián Araujo y Héctor Castillo y pensaron en formar una banda que más adelante se llamó Dermis Tatú. Estuvo en Colombia donde sostuvo un noviazgo con Andrea Echeverri, y aunque ella le pidiera que tocara con el grupo Aterciopelados, se mantuvo fiel a Dermis Tatú y viajó a Argentina, donde su banda grabó su único disco.
Dermis Tatú
Dermis Tatú nace en 1992 y desde allí se hizo un lugar en el circuito underground de Caracas.
Fue esta la banda donde Cayayo hizo de las suyas, estudió canto un tiempo y fue el vocalista y la única guitarra. Editaron solo un disco, grabado en Argentina con la ayuda de Mariano López, titulado La violó, la mató y la picó, de donde sobresalen canciones como "Terrenal", "Zorra", "Despistado", "Sordera", "Corazón Gris", "Ausencia", "El hoyo" y "El chillido de los Taxis". Esta producción es considerada por muchos como el mejor disco editado por una banda venezolana. Después de grabar este disco la banda tuvo la oportunidad de viajar a New York y Londres.
Dermis Tatú grabó unis demos para lo que sería su segunda placa en el año 1997, material que hasta la fecha sigue inédito. En estas grabaciones (que la banda consideraba muy malas) aparecen varias de las mejores canciones compuestas por Cayayo, pero que son aún desconocidas por muchos, entre ellas "Animalito en corral", "Artificial", "Cría Cuervos", "Bazuco", "Dirección Opuesta" y "Tu decadencia". En estos demos, la banda contó con la participación de Abraham García, alias Cangrejo, de la Seguridad Nacional en voces, guitarra rítmica y armónica, además de componer varias canciones de la placa como "Dime que sí", "La avispa" y "El Rapcan". Este mismo año viajan a Los Ángeles, donde se instalan por 6 meses en los que la banda se presentó en numerosos bares de la ciudad, llegando incluso a presentarse en el famoso local The House of Blues. Durante este período también se presentaron en Tijuana en un par de oportunidades.
Al regresar de Los Ángeles, el final de la banda era inminente. Dermis Tatú se separa y Cayayo se incorpora a PAN. La despedida de Dermis Tatú se dio en medio de un concierto de PAN en el Teatro Nacional de Caracas durante el primer ciclo de conciertos llamados Miércoles Insólitos, cuando en medio de la presentación los integrantes de PAN se retiraron del escenario dando paso a Héctor Castillo y Sebastián Araujo. Tocaron 6 temas, entre ellos el inédito "Choripaco".
PAN
La última banda de la que formó parte Cayayo fue PAN, liderizada por él mismo, junto con Wincho Schafer (bajo, trompeta, coros), Argel (voz líder, coros) y Miguel Toro (batería). Fueron unos de los primeros en Venezuela que experimentaron con rap-metal y con influencias bastante rave por parte de Cayayo, un sonido bastante distante a los anteriores trabajos. Su unico disco (PAN, 1999) fue editado como un EP por la disquera independiente Los Insçolitos creada por Cayayo. El disco fue grabado en vivo en el Teatro Nacional de Caracas.
Cayayo fallece el miércoles 17 de noviembre de 1999, unas horas antes de una presentación de PAN en el segundo ciclo de Miércoles Insólitos que se celebraba en el desaparecido cine Radio City en el boulevard de Sabana Grande. Murió en la clínica Ávila a donde fue trasladado desde su casa por un paro respiratorio como consecuencia del consumo de heroína. Al momento de su muerte se encontraba en compañía de Gustavo Corma, guitarrista de la Seguridad Nacional. Una semana después de su desaparición, para rendirle tributo todos sus antiguos compañeros de Sentimiento Muerto se juntaron acompañados de miembros de otras bandas venezolanas de la época en el mismo ciclo Miércoles Insólitos que organizaba al momento de su muerte y en donde una semana antes debía presentarse.
Cayayo dejó numerosos demos de canciones inéditas grabadas en un portaestudio de 8 canales muy diferentes a su obra de Dermis Tatú, por lo íntimo y personal de estas grabaciones. Algunas de ellas se han divulgado por internet destacando las estremecedoras "Rastros de Luz" y "Alma Perpetua". Además existe un registro inédito de más de 100 horas en video de la vida íntima de Dermis Tatú después de su regreso de Argentina, propiedad del fotógrafo y documentalista Iván Gabaldón (antiguo manager de Dermis Tatú), en donde existen incontables horas de material inédito de Cayayo con versiones en vivo, versiones alternas y canciones inéditas que no fueron registradas de otra forma que por la cámara Hi 8 de Gabaldón.