ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.08.2013

COSAS QUE DETESTO



COSAS QUE DETESTO
Roberto Echeto

DEL ARTE CONTEMPORÁNEO VENEZOLANO

1) Que los museos de este país se hayan borrado a sí mismos del mapa de instituciones importantes en las que se crea, se investiga, se exhibe, se divulga y se aglutina a artistas, a críticos y a público verdaderamente interesado en el arte.

2) Que el arte ya no sea un espacio para discutir y dialogar y que se haya convertido en una cuestión decorativa o, peor, en una cuestión propagandística de un gobierno que rompe todos los records de feísmo.

3) Que en este país haya tantos artistas que no son de verdad artistas.

4) Que en Venezuela haya escuelas de arte (además de historia y tradición) y que, sin embargo, la imaginería del arte oficial sea digna de la última página del cuaderno de Física de un estudiante de Bachillerato.

5) Que el buen arte y los buenos artistas y los buenos galeristas y el buen público se hayan encerrado a sí mismos en un gueto muy bonito, pero gueto al fin, en Los Chorros.

6) Que haya tantos artistas venezolanos incapaces de discurrir sobre temas gruesos y producir obras en consecuencia. La frivolidad es una delicia, pero no hay que abusar de ella. 


DE LA LITERATURA VENEZOLANA

1) La proliferación de bautizos de libros y de bebedores consuetudinarios de vino gratis en bautizos de libros.

2) La proliferación de novelas sobre políticos, presidentes y próceres patrios. Lo preocupante de esa situación es que demuestra que ingentes cantidades de venezolanos sólo tienen una cosa en la cabeza: Miraflores.

3) La proliferación de bukowskistas que acaban de descubrir a Bukowski y a Carver.

4) La proliferación de historias que hablan sobre escritores y de cuentos que hablan sobre otros cuentos. Un día de éstos les va a explotar el cerebro.

5) La proliferación de árbitros del «buen gusto literario».

6) La falta de lectores ajenos al circulito de lectores constituido, a su vez, por académicos, jueces del gusto, estudiantes de Letras, escritores, bebedores consuetudinarios de vino gratis, bukowskistas, carveristas, escritores que escriben cuentos que protagonizan otros escritores y escritores que escriben novelas sobre presidentes de la república.

7) La proliferación de autores que explotan situaciones «tiernas»... Cómprense un osito de peluche y abrácenlo.

DE LA MÚSICA VENEZOLANA

1) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos le prodigan a un joven director de orquesta que se ha convertido en el hombre-propaganda de un régimen y de una época.

2) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos (quienes no se destacan mucho que digamos por sus gustos musicales ni por sus afanes melómanos) le prodigan a ese joven-hombre-propaganda-director de orquesta.

3) La presencia desmesurada de flautas y flautistas en grupos, ensambles y demás... Pareciera como que Venezuela en realidad se llama «Hamelín»...

4) La idea de que hay que explotar porque sí, en cada pieza y en cada disco, toda la herencia multicultural de la música de nuestro país. Eso explica el patuque, los excesos y la no definición de estilos.

5) La dictadura del joropo, de la gaita, del galerón, de la balada romántica, del reguetón y de la música bailable.

6) La timidez a la hora de la composición y de la escogencia del repertorio. Por eso en muchos discos, en muchos conciertos o en muchos recitales espontáneos, salen a relucir los mismos temas de siempre: «Ansiedad», «Moliendo café», «Caballo viejo», «Cerro Ávila», «Alma llanera», «Concierto en la llanura»... ¿Hasta cuándo?

6,5) Obsérvese con atención que la timidez de muchos músicos venezolanos a la hora de escoger sus repertorios, se puede relacionar con la timidez de muchos escritores venezolanos a la hora de decidir sobre qué tratarán sus historias. Como tenemos un gran público menos interesado en la música y en la literatura que en su propia supervivencia, pues hay que ofrecerle obras que contengan ideas musicales o literarias predigeridas. Quizás eso explique la proliferación de anécdotas histórico-políticas en nuestros libros y de canciones más que rayadas en nuestros discos. Quizás sea hora de afirmar que en Venezuela los malos son los melómanos y no los músicos.

7) La invisibilidad (o inaudibilidad) en emisoras de radio, compañías disqueras y tiendas de discos, de las obras monumentales de Rodrigo Riera, Alirio Díaz y de tantos músicos venezolanos.


DE LA MÚSICA VENEZOLANA

1) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos le prodigan a un joven director de orquesta que se ha convertido en el hombre-propaganda de un régimen y de una época.

2) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos (quienes no se destacan mucho que digamos por sus gustos musicales ni por sus afanes melómanos) le prodigan a ese joven-hombre-propaganda-director de orquesta.

3) La presencia desmesurada de flautas y flautistas en grupos, ensambles y demás... Pareciera como que Venezuela en realidad se llama «Hamelín»...

4) La idea de que hay que explotar porque sí, en cada pieza y en cada disco, toda la herencia multicultural de la música de nuestro país. Eso explica el patuque, los excesos y la no definición de estilos.

5) La dictadura del joropo, de la gaita, del galerón, de la balada romántica, del reguetón y de la música bailable.

6) La timidez a la hora de la composición y de la escogencia del repertorio. Por eso en muchos discos, en muchos conciertos o en muchos recitales espontáneos, salen a relucir los mismos temas de siempre: «Ansiedad», «Moliendo café», «Caballo viejo», «Cerro Ávila», «Alma llanera», «Concierto en la llanura»... ¿Hasta cuándo?

6,5) Obsérvese con atención que la timidez de muchos músicos venezolanos a la hora de escoger sus repertorios, se puede relacionar con la timidez de muchos escritores venezolanos a la hora de decidir sobre qué tratarán sus historias. Como tenemos un gran público menos interesado en la música y en la literatura que en su propia supervivencia, pues hay que ofrecerle obras que contengan ideas musicales o literarias predigeridas. Quizás eso explique la proliferación de anécdotas histórico-políticas en nuestros libros y de canciones más que rayadas en nuestros discos. Quizás sea hora de afirmar que en Venezuela los malos son los melómanos y no los músicos.

7) La invisibilidad (o inaudibilidad) en emisoras de radio, compañías disqueras y tiendas de discos, de las obras monumentales de Rodrigo Riera, Alirio Díaz y de tantos músicos venezolanos.

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