ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.07.2013

Esculpiendo Humo

Esculpiendo Humo
Steve Silberman habla de Frank Stella
Wired, Marzo 1999
Traducción: Maria Dolores Torres

En invierno de 1983, Stella fue invitado a dictar la prestigiosa conferencia de Charles Eliot en Harvard. Una noche, mientras se encontraba solo en su hotel, Stella se permitió uno de sus vicios: fumar un habano. Mientras dibujaba con el espeso humo notó que el aire que lo rodeaba era excepcionalmente estable; una oportunidad perfecta para disfrutar de una actividad improductiva: hacer anillos de humo.

"La habitación estaba muy quieta y solo había una fuente de iluminación", recuerda Stella. Observando el movimiento de fantasmales simetrías frente a él, se dio cuenta de que los anillos de humo podían ser un medio "para hacer imágenes, para crear formas que nunca antes había visto". Pero ¿cómo atrapar esa efímera arquitectura gaseosa en arte?

Esa fue la interrogante que lo ocuparía hasta 1990. Mientras meditaba sobre fractales y ondas, parecía haber llegado el momento de revisar la idea de esculpir con humo.

Stella tenía dos camaradas de arte en su estudio, Earl Childress y Andrew Dunn, quienes entraron en la vida del artista por razones puramente prácticas. El ídolo de juventud de Childress no era Stella sino Andy Warhol, a quién admiraba por "adelantarse siempre a todas las preguntas". En 1979, Childress, firmó un contrato para remodelar el estudio de Stella. Dunn, un talentoso joven cineasta fue contratado en 1990 para limpiar el suelo. Dunn dice que sus planes eran "aprender mientras ganaba dinero". Ambos terminaron siendo colaboradores invalorables en la industria de hacer el arte de Stella.

Childress y Dunn construyeron un artefacto para congelar el dinámico flujo del humo en forma de trazos: una caja cuadrada de 2,5 metros forrada con tela negra e iluminada por 4 bombillos, con cámaras en cada lado enfocadas hacia el centro para congelar la imagen. En dos de las cuatro paredes verticales fueron taladrados unos orificios a través de los cuales Stella exhalaba el humo del habano hacia el espacio.

Funcionó, Stella expulsaba el humo, las seis cámaras disparaban simultáneamente y como en la fábrica de copos de nieve de Dios; el azar fue incorporado a la línea de producción y lo irrepetible se hizo reproducible. Pronto, el equipo de Stella tenía miles de fotografías de anillos de humo. Utilizando programas gráficos como Ilustrator y Photoshop -y más adelante, programas más sofisticados de imágenes tridimensionales como Form Z y Alias / Wavefront- Dunn y Childress convirtieron las complejas formas en archivos y mapas. "Yo estudiaba sistemas de vortex y dinámica de flujos", recuerda Childress. "Frank se encargaba de la imagen".

Algunas de las fotografías e impresiones fueron enviadas a Suecia, donde Stella tenía contactos con AB Tumba Bruk, uno de los pocos fabricantes de los más refinados gravados utilizados en la mayoría de los billetes del mundo. Las prensas de Tumba Bruk solo podían ser utilizadas para billetes de banco, pero si uno observa los trabajos más recientes de Stella puede darse cuenta de que su amigo ha estado utilizando clandestinamente una de esas prensas de precisión durante la noche: las mismas redes cristalinas que aparecen en los billetes comúnes -pero dobladas, estiradas, torcidas sobre sí mismas; convertidas en la moneda del universo de Stella.

Stella, cuya inagotable ética de trabajo lo convierte en un omnívoro de fuentes de materiales e imágenes, no se detuvo con los anillos de humo. En los anaqueles de su estudio se encuentran apiladas impresiones, gravados y montones de formas que serán recicladas en nuevos trabajos. Ahora hasta los pedazos de barro y la luminosa fugacidad de las burbujas de jabón son escaneadas y trazadas -permitiendo que su poesía accidental también sea incorporada a la librería de formas disponibles ante el ojo y la mano de Stella.

Pero no es el artista quien pasa largas noches frente a la G3 y las otras máquinas alineadas en el primer piso del estudio. Stella admite que él no puede ni siquiera escribir (su mano izquierda fue mutilada por una urna de concreto cuando era niño) y Dunn dice que Stella nunca toca las computadoras. Como explica Childress en un lenguaje característicamente elevado: "La ambición de Frank parece ser transformar el objeto en obra de arte. Nuestro trabajo parece ser el de producir los materiales".
O como lo explica Stella directamente: "Utilizamos esas cosas (computadoras) y yo nunca pienso en eso. Yo le grito a Andrew y le digo "Quiero hacer esto".

Durante mucho tiempo Stella ni siquiera se paraba cerca de las computadoras mientras las imágenes estaban siendo manipuladas, prefería dar instrucciones basándose en las impresiones -o hasta en tomas bidimensionales de modelos tridimensionales. Stella germinaba las ideas para collages en el espacio físico y Childress y Dunn las articulaban y las definían en el ciberespacio. Pero estas tenían que ser traídas de nuevo al mundo de los átomos, volumen y masa para que Stella se sintiera cómodo trabajando con ellas. "Parecía asustado" dice Childress. "El tenía que mirar el papel. Pero yo me cansé de imprimir imágenes a color. Ahora lo obligo a mirar la pantalla".

Mientras los proyectos más ambiciosos de Stella han requerido de la manipulación de formas e ideas en el espacio virtual para hacerlas más elaboradas, las funciones de los asistentes de Stella se han hecho inseparables del proceso de invención.

A medida que los proyectos han crecido en escala, los problemas de convertir los bits en átomos también han aumentado, ya que las formas perfeccionadas en la pantalla pueden verse aplanadas cuanto son transplantadas y su tamaño original es aumentado miles de veces. Pero Stella no se desanima frente a los proyectos que no se logran.

Irving Danler, quien habló extensivamente de Stella en su American Art of the 1960's, dijo que era difícil imaginar el trabajo más reciente de Stella sin la ayuda digital.

Sin embargo, no existe la menor duda de que aún los trabajos que han sido madurados más tiempo en el éter, son Stellas, expresión del espíritu y la estética del artista que por más de cuatro décadas se ha expandido más allá de los límites de una consciencia única. El estudio de Stella -desde las miles de latas de pintura sobre las mesas hasta las máquinas del piso inferior, desde los montones de libros sobre historia del arte y teoría matemática encima del escritorio del artista hasta las explosiones en la pared que esperan el aerógrafo o el soldador- es un prolífico ecosistema, una gran mente que piensa en collages.

Ahora que la pequeña mente de silicona ha sido domesticada por los artistas para lograr hacer cualquier cosa -desde el trazado de los arcos en las coreografías de Merce Cunningham hasta descubrir el hecho de que algunas de las líneas más exageradas de Pollock fueron echas con una escoba-, Stella continua haciendo lo que ha venido haciendo desde 1954: llamadas de juicio a la vista en una habitación que huele a solventes y máquinas que logran bellezas que cambian la manera de ver de las personas.

Yo pregunté al crítico de arte y columnista Robert Pincus -Witten que pensaba del hecho que Stella utilizara las computadoras en su proceso de creación artística. "Desde afuera parece fascinante que este artista utilice la última tecnología. Pincus - Witten agrega: "Pero esencialmente, la tecnología no es más interesante que un pincel. En una época Frank se sentía cómodo con los pinceles. Ahora está interesado en la tecnología. Cualquier cosa es un lápiz. Si ese es su lápiz, ese es su lápiz".

Great! Rasgadodeboca.

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Steve Silberman

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