ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.07.2013

HISTORIA DE MI VIDA

HISTORIA DE MI VIDA
Alexander Laurence
Los Ángeles, California, United States
Traducción: María Dolores Torres

Muchos buenos amigos y gente simpática me han preguntado cómo empecé. Siempre han tenido una curiosidad genuina. Han mostrado tanto interés en mi que pensé que querían que escribiera mi biografía. Mi comienzo fue simple y común. Mis padres se conocieron en un accidente de tren severo. El tren, dorado y marrón, se salió de los rieles cuando iba a gran velocidad, las chispas de amor se regaron por todos lados y el desastroso evento apiló un vagón sobre el otro. Mucha gente inocente murió. Fue la mayor catástrofe de 1964 y le recordó a todos los habitantes del área de New jersey que lo presenciaron, el Hindenberg de algunas décadas atrás. Mis distinguidos padres no se conocían hasta ese momento. Durante el accidente, ellos terminaron en una oscura esquina, cara a cara. Cuando el equipo de rescate los encontró un día después, tuvieron que remover quirúrgicamente a mis padres de los escombros metálicos del tren que los rodeaban elegantemente. Mis heridos padres no tenían nada en común. Mi hermosa madre era una neurocirujano y ex monja. Mi inteligente padre era un matón de la mafia y taxista. Unas semanas después del inexplicable accidente, la mafia mató a mi pobre padre. Mi madre se dio cuenta de que estaba embarazada.

Al principio ella pensó que se trataba de una inmaculada concepción/ Estaba feliz. La eligieron como la que “seguramente tendría más éxito” en el collage, y la vida empezaba a desarrollarse ante ella. Luego nací yo. Ella descubrió que yo tenía los ojos de mi padre y un acento niuyorkino. Recordaba estos rasgos de los momentos que pasó con mi padre en la oscuridad, algunos meses atrás. Mis primeras palabras fueron: “Nunca lo vi venir”. Mi gentil madre no era buena para ser padre. Cuidar a un bebé y al mismo tiempo trabajar como neurocirujano no eran dos cosas que una persona, aún tan grandiosa como mi madre, podía hacer al mismo tiempo. Así que la mayor parte de mi niñez la pase encerrado en un closet oscuro en donde una vez al día mi generosa madre me echaba un trozo de sushi.

Afortunadamente para mí, dentro del closet había una pila de viejos libros, un kit de ciencia, algunas velas y unos mapas. Cuando tenía diez años, la policía supo de mi brutal infancia. Alguna persona buena lo reportó a las autoridades. Esta persona les explicó lo maltratado que estaba. Como yo no conocía otra vida, para mi no era tan mala la que tenía. A policía que me encontró pensaba que iban a encontrar un animal. Durante esos años memoricé la enciclopedia, todas las obras y poemas de Shakespeare. Inventé una nueva rama de la mecánica cuántica y crié varios especimenes de moho en vasos petri. Así que ellos inmediatamente me inscribieron en la escuela de la universidad de Stanford al descubrir que tenía un C.I. de 210.

Las clases eran muy fáciles, lo que me resultaba difícil eran las actividades sociales porque todo el mundo era dos veces mayor que yo. Cuando cumplí 14 y descubrí mi sexualidad, empecé a salir con mujeres mayores. No compañeras de clase de 20 años que no se fijaban en mí, sino con mujeres de 35 que estaban en el pico de su sexualidad. No podía entender la atracción que sentían por mi. Yo era 20 años más joven, lleno de energía varonil. ¿Por qué no salían con gente de su edad?

Recibí mi doctorado en entomología cuando tenía 16 años y dejé la escuela para viajar con Becky Charles, que era una chica ciclista. Terminamos viviendo en Paris, donde hacíamos peregrinajes diarios a la tumba de Jim Morrison. Yo viví en el barrio latino, cerca del boulevar San Michel, y me la pasaba cerca de una gran fuente que estaba allí, dibujando. Por varios años fumé hashis, levanté pesas y conocí mujeres. Conocí a una chica francesa, Sulvie Angelique. Nos fuimos a la India a meditar y encontrar algo de paz interior. Viví allí por muchos años, en los que no hice absolutamente nada importante. Decidí regresar a Estados Unidos a encontrar un buen trabajo y ganar dinero como todo el mundo. Ahora, después de todos estos años, estoy en la prisión de Folsom por introducir drogas al país. Pero esa es otra historia.

Después de todos estos años me gustaría decir quiénes han sido las personas que más ha impactado mi vida. Mi madre, por casarse con un hombre muerto y decir “sí” a la vida. Ella ahora vive en algún lugar al norte del estado de Nueva York, vendiendo seguros. Mi padre, por no haber estado allí cuando comencé a maldecir a la gente. Lo enterraron en alguno de los muchos cementerios de Brooklyn. He pasado la mayor parte de mi vida leyendo y escribiendo. No doy por sentado que hay personas que lean como yo. Pensé que mi vida sería como una serie de puertas abiertas y nuevas experiencias. No sabía que por cada puerta por la que entraba, se cerraban muchas otras en mis memorias del pasado. He aceptado esta vida en prisión. Estoy encerrado aquí. Solo puedo pensar en el futuro. Este es mi mensaje para todos los que se drogan, los punks, los freaks, los que se inyectan. Este es el sonido del submundo. Este es mi reto. Esta es mi carta desde el bunker.




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