ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.07.2013

LA VAGINA DENTADA

LA VAGINA DENTADA
Rubem Fonseca.
Transcripción de Roberto Echeto

Ella me dio una pastilla de menta y se acostó, vestida con sus apretados pantalones vaqueros que parecían una armadura de hierro. Yo le dije, quítate esos pantalones, y añadí cuando vi que se quedaba inmóvil, quítate los pantalones, amor mío. Miró hacia el espejo del techo y, lentamente, con gestos estudiados, se fue quitando los pantalones tirando por los pies y no desde la cintura, como haría una mujer menos atlética. Entonces surgieron, reflejados en el espejo del techo, sus muslos fenomenales, demasiado. Pasé la mano suavemente por aquella inacabable piel, templada, suave. Ella se abrió de piernas, supina e imperativa, y dijo, ven, cogiendo mi verga con fuerza e introduciéndola en su vagina. Entonces se produjo de nuevo aquella combinación de éxtasis y horror. A pesar de ello, o precisamente por ello, tardé mucho en gozar. Pero aun así ella continuaba queriendo más. Sin embargo, quité mi pobre y destrozada verga, de aquella cueva y metí un dedo medio, que no es mediano, sino grande.¿Los descubrimientos se producen por causalidad? Nunca por casualidad, uno siempre quiere descubrir algo y yo al final lo descubrí, después de muchos días, aquel día, cuando metí el dedo en aquel canal viscoso y ardiente, que más parecía una máquina rudimentaria de trinchar carne, aquel día descubrí algo espantoso. Era la vagina dentada de los antiguos, que siempre pensé que era una ficción literaria o una invención de los apóstoles de la represión sexual, pero que estaba allí, mi disposición, royendo mi dedo después de haber devorado mi verga. ¡La vagina dentada! ¡Cielos! Mi alma se llenó de horror. Entonces le dije que tenía hambre, cogí el teléfono y dije me mandasen un filete con patatas fritas. En aquel instante salió de dentro de la habitación un gemido más alto, lacerante, un ruido estridente, medio máquina, medio animal. En contra de mi voluntad, como si mis piernas obedeciesen órdenes de otra persona, volví al dormitorio. Ella estaba acostada en decúbito dorsal, con las piernas desmesuradamente abiertas, duras, como si estuviese sufriendo de un intenso calambre, o una convulsión, parecía una muñeca de hierro, los dientes cerrados, ojos cerrados, el rostro crispado de dolor. Por entre sus dientes decía a saber qué, sonidos difíciles de entender, pero que finalmente comprendí. Pedía que no la dejase morir. ¿Cómo fue que supe lo que tenía que hacer? Pero lo supe, fue una intuición divina, como dijo Lutero. ¡Sólo había una cosa capaz de salvarla! Cogí el filete y se lo metí lentamente, cariñosamente en su vagina, alimentándola con meticuloso cuidado. Luego sentí, a medida que la carne de vaca era devorada por la raja creófaga, que su respiración se normalizaba, sus músculos perdían la rigidez, su rostro volvía a ponerse hermoso. Ella es muy guapa, con ojos de ágata.
Al final cayó en un sueño profundo. 

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