ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.08.2013

LOST IN TRANSLATION...

LOST IN TRANSLATION...de RaKel Delgado
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que he decidido despojarme de la idea preconcebida que tenía de Barcelona, y descubrir la ciudad que me arropa en los momentos mágicos de locura existencial.

Abrazada a mi cámara como una guiri más, dejo la mente en blanco permitiendo que el corazón palpitante guíe mis pasos. Sin un itinerario predeterminado, la ciudad y yo empezamos a conocernos. Me pierdo por el Raval, el born, l’ Eixample, o Gràcia, y empiezo a visualizar la magia de sus calles.


Lo que antes era tan solo la calle Tallers, ahora es una jungla coloreada por misteriosos personajes, punkies de cresta rosa, auténticos “men in black” de ojos lineados, mirada penetrante, plataformas y medias de rejilla, que pasean ante la mirada incrédula de los visitantes.

La plaza George Orwell, más conocida como la plaza del tripi (No comments) está llena de jóvenes, compartiendo cervezas y conversaciones interesante, o no. En cualquier caso, llena de vida.
La calle Call, se esconde tímidamente mientras un letrero luminoso nos invita a penetrar en ella. Y es entonces cuando descubrimos el verdadero arte.
Paso a paso, vamos abriendo las puertas correctas para alcanzar ese lado oculto de nosotros en sintonía con el mundo que nos rodea. Los mensajes subliminales se vuelven visibles ante la mirada incrédula, y surge en nosotros un verdadero discurso filosófico en el que nada tiene sentido.
Toda una mezcolanza entre admiración e impotencia, entre fascinación y desaprobación, o como diría mi estimado Luis Cernuda, entre Realidad y Deseo.
Arte y realidad forman entonces una verdadera disolución homogénea. Vemos cómo murales e indigentes se abrazan, compartiendo las calles que los cobijan.
Ríos de gente pasean ante ellos con miradas acusadoras, llenas de arrogancia y soberbia. Sin querer, nos dejamos arrastrar por la corriente, y pasamos por delante de ellos. Leemos tímidamente ese cartel lleno de faltas de ortografía, en el que piden tan solo una moneda para poder comer, y es entonces cuando queremos compartir el silencio con esos ojos vacíos y tristes, acercarnos a ellos e intercambiar una sonrisa, pero el miedo al rechazo nos hace seguir adelante igual que los demás.
De repente algo nos llama la atención. Son colores vivos, llenos de fuerza. Son un grito desesperado hecho imagen, una llamada al despertar. Nuevamente, surge ese discurso sobre la mezquindad de la raza humana. Pero el mensaje está ahí, no son garabatos, no es fruto de una gamberrada, es arte. Un arte a veces incomprensible ante nuestros ojos, pero como decía Oscar Wilde, "Todo arte es en sí, superficie y símbolo".
Nos paramos ante el graffity y entendemos que lo que creíamos ignorado es recordado, y nos enfurece la pasividad ante la miseria, el dolor, el hambre y la muerte.
La calle pide a gritos tolerancia.
Seguimos caminando, observando cada rostro, cada esquina, empapándonos de tanta belleza, de esa multiculturalidad, de esa riqueza lingüística que viste sus calles. Me pregunto si seré capaz de vestir lo que siento con la palabra, y entiendo que es imposible describir lo que provoca en mí.

La ciudad está viva.
Los graffities están en movimiento continuo, la multitud es la sangre que da vida a Barcelona, y lo que hoy es blanco, mañana será negro. Cada día nace una nueva ciudad, teniendo así la posibilidad de redescubrirnos en ella.
Las Ramblas, son sin duda la cuna del arte. Mimos, hombres-mujeres estatua, cantantes, cómicos, imitadores, deportistas, pintores y poetas alegran nuestro paseo.

Estamos llegando al final de nuestro apasionante viaje. Me había propuesto describir mi ciudad. Quería dar una visión íntima y personal.
Mostrar no solo la Barcelona modernista y cosmopolita, sino también la Barcelona bohemia, esa Barcelona que me descubrió y en la que me descubrí, esa Barcelona en la que decidí perderme para reencontrarme, y reconocerme en todos y cada uno de sus silencios, de sus absurdos, de su magia incomprensible, de su arte en general, pero me siento perdida...

No soy capaz de encontrar las palabras idóneas para describir el modo en el que desaparezco en medio de la multitud, formando parte del asfalto, confundiéndome con los colores, olores, y sonidos.

Ahora necesito confundirme con el mundo. Quiero perderme por las calles de Nueva York, México D.F, Tokyo, La Habana ...


Quiero saborear el olor de las especies de la India, quiero bailar al son de un tango, quiero perderme en East L.A, y encontrarme en esa frontera utópica donde pueda abrazar y compartir una sonrisa sin temor al rechazo. ¿Me acompañas?. 


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