ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.07.2013

PIONERO… DON JOSÉ CASTILLO



PIONERO… DON JOSÉ CASTILLO
Pionero del cine animado en Venezuela

Por Ángel Ricardo Gómez
Fotografía Ubaldo Medina

Con una técnica totalmente artesanal y experimental, este periodista de 87 años intenta, desde 1975, crear comiquitas que reflejen la idiosincrasia venezolana, labor por la que ha sido reconocido con diversos premios internacionales
Durante los años veinte le llega la fortuna a Walt Disney y Ub Iwerks de la mano de un ratón. Iwerks diseña a Mickey Mouse, protagonista de Steamboat Willie (1928). Desde entonces, Disney se erige como el principal imperio del cine animado a escala global.
En 1922, las calles de la parroquia Altagracia de Caracas se tiñen con los colores de José Castillo, quien se convertiría en uno de los pioneros del cine animado en Venezuela. No vino el caraqueño a construir grandes imperios económicos, pero sí a dar ejemplo de trabajo y constancia con su obra cinematográfica.
En cintas de 35 milímetros sin emulsión, Castillito —como le dicen cariñosamente— se dedicó a dibujar cuadro a cuadro diversas historias animadas. Con marcador, tinta china o alfiler sobre la cinta transparente, el creador ha generado cortos de no más de tres minutos como Vivir en libertad, Cadenas, El paseo de Búster Keaton y El patito feo, además de fábulas venezolanas como Tío Tigre y Tío Conejo y La cucarachita Martínez.
“Yo vivía en El Cementerio, en una habitación. Cuando pasaba por la sala, casi a las 5:00 de la tarde, había un grupo de niños viendo comiquitas en blanco y negro y en inglés. Un día, uno de ellos me dijo que nunca había visto una película animada venezolana, y yo dije: ‘¡Ah caramba, ése es un problema, con estas comiquitas que no reflejan el espíritu de nosotros!? Entonces le prometí que iba a hacer una película para él. Me compré un libro de dibujos animados y trabajé durante dos años para hacer a Conejín, que dura tres minutos”, cuenta el periodista al recordar su primer trabajo en 1975.
El regalo para aquél niño llegó a ganar en el Festival Internacional de Cine de Filadelfia, donde también figuraba Charles Chaplin con Un rey en Nueva York.
Ya Castillo había entrado en contacto con el trabajo de Norman McLaren, maestro europeo de la animación. “Estaba en la Universidad Central cuando anunciaron que iban a pasar un ciclo de McLaren, que hacía animación y acababa de ganar un Oscar por Los vecinos (1952). Fui a verla y quedé asombrado porque éste no hacía películas como Walt Disney. Ahí dije: ‘Si él pudo, yo también”.
La primera película que vio Castillo en su vida fue una animación. “Recuerdo que se desarrollaba dentro de un museo: cuando el guardia cerraba las puertas, las imágenes de los cuadros se ponían en movimiento. No recuerdo de quién era. Sucedía en esa época, 1930, lo que en la televisión: casi todos los domingos repetían la misma película, pero a nosotros nos gustaba porque ya sabíamos lo que iba a pasar. Uno las veía y era divertido”.
A partir de Conejín, la historia de un pequeño conejo que vuela papagayo, el trabajo de Castillo no se detiene, ni tampoco los premios. La cueva gana el Hans Christian Andersen en Dinamarca y La hormiga de Hiroshima se alza en Japón.
“Mis dibujos animados los he hecho con las uñas. No he recibido crédito ni subsidios y creo que no los voy a solicitar tampoco”, dijo el creador en una entrevista concedida a la revista de la Cinemateca Nacional, a propósito de un ciclo acerca de su obra.
Tampoco ha recibido Castillo formación en el arte del cine animado y es reacio a las técnicas de animación por computadora. “Para mí esto es una ciencia, y así es que yo hago mi cine: viéndolo como una ciencia, no como un entretenimiento. Los norteamericanos se dieron cuenta de que le podían sacar una tajada al cine de animación como entretenimiento y ahí están, se metieron en todas partes del mundo”, comenta el creador, quien en 2000 dio talleres de cine animado en la Universidad Simón Bolívar.
Amante de las grandes causas, José Castillo decide hacer animación en un país sin tradición de cine animado, estudia periodismo cuando apenas se abría la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela y últimamente anda en una tarea titánica: quiere recoger cinco mil firmas de niños para solicitar al gobierno israelí que otorgue becas a pequeños palestinos que quedaron sin padres tras los más recientes ataques a la franja de Gaza.
De hecho, actualmente trabaja en un proyecto denominado Gaza, que tiene que ver con el conflicto entre Israel y Palestina. “El tema que más me interesa es el que me enseñaron desde niño y el que tengo desde Conejín: la paz”, dice Castillo, al tiempo que habla de la importancia del cine animado. “Cuando un país hace películas animadas por sí mismo, es porque está muy avanzado en la industrialización. Es el dibujo animado el que dice a qué altura está el desarrollo industrial de una nación”.
Transcurre 2009. Dreamworks acaba de lanzar Monsters vs. Aliens, la primera de unos 11 proyectos a rodar con cámaras 3D. Jeffrey Katzenberg, jefe de los estudios, ha definido a la tecnología como algo casi tan importante para el cine como la invención del sonido. Mientras, Castillito y muchos venezolanos aún esperan por un largometraje animado hecho en Venezuela.

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