ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

9.07.2013

VENTIOCHO Y TREINTA


VENTIOCHO
Santi

Salí unos minutos antes.

Me dolía mucho la cabeza, la jornada de trabajo en la escuela había sido muy dura, pero todo daría igual en breve.

Estaba harto de enseñar cosas inútiles a mis niños, álgebra, historia... para que les serviría eso, en el fondo, si la vida es tan absurda e inútil.

Esperaba sentado en el césped, oyendo el griterío y las risas de mis niños que salían para ir a sus casas.Con la mirada perdida hacía algún sitio inconcreto sentía alegría.

Les daría la última lección sobre la vida y quizás la mejor.

El autocar, parado frente a mí, estaba ya casi lleno.
Saqué la escopeta recortada de doble cañón con cartuchos 410 del calibre 36 (12 mm) y la puse en mi frente.

Los niños miraban desconcertados, sin entender demasiado lo que estaba haciendo su profesor. El conductor corría hacia mí.Al apretar el gatillo mi cabeza se desintegró, se esparció más allá de lo que la vista alcanzaba, dibujando un horizonte de sangre en las mentes de las pequeñas criaturas.

Esa fue su última lección sobre la vida y seguramente, la mejor.

Morí feliz.

TREINTA
Santi

Conocí un hombre peculiar, extraño quizás pero me cayó bien.


Me clavó un machete en el centro de la frente.

La hoja penetró el cráneo y se abrió camino por la región encefálica para acabar situándose en el centro de mi cabeza.La empuñadura quedó sobresaliendo.

Me habría hecho gracia la imagen salvo por el detalle que la cabeza implicada era la mía.

La sangre tapó mi rostro como si de una cortina se tratase.

Cuando el personaje desencajó el machete de mi cabeza, comenzó la fiesta gore.

Ni uno solo de los glóbulos rojos se mantuvo en mi cuerpo.

La sangre se abrió paso por el hueco abierto en mi cráneo.

Salía a borbotones.

Trocitos de cerebro salían propulsados hacia el exterior y las salpicaduras lo impregnaron todo formando charcos.

Pequeños animales del bosque corrían para alimentarse de mis restos, mientras las aves carroñeras se peleaban por mis ojos.

Líquidos cerebrales salieron de dentro del nervio de un ojo, tras ser arrancado.La mirada del personaje radiaba felicidad, saciado de sangre, dolor y muerte, mientras su rostro completamente salpicado, esbozaba sonrisas varias acompañadas de carcajadas.
Era un buen tipo.
Yo morí.




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